Project Managers con sentimientos: el último grito de la moda

Cuando la mente es el límite…

En ocasiones, como Consultores en Cambio Organizacional, en Olivia podemos observar cómo la coyuntura nos da evidencia de que la tecnología es un excelente acelerador del cambio social . Sin embargo, también vemos que existen limitaciones para el avance de estas tecnologías. Y dichas limitaciones, se encuentran en nuestras propias mentes.

Vivimos en tiempos donde los cambios tecnológicos con impacto social se dan en ciclos cada vez más cortos. El avance de la tecnología crece a tasas exponenciales y a velocidades nunca antes imaginadas. Nosotros estamos ahí, en el medio, tratando de ponernos al día con el conocimiento, tratando de entender o simplemente paralizados, mirando cómo estos cambios nos pasan por encima como una aplanadora.

Ante esta situación ¿Qué capacidades tenemos que desarrollar para entender cuando se agotan los paradigmas existentes y se generan nuevos? ¿Cuándo “no resiste más” que sigamos viendo pasar los cambios sin subirnos a ellos?

Para ir a una referencia concreta, observemos algunas viñetas sociales universales tales como las protestas de los taxistas contra el servicio de Taxi Uber (la app que ha generado un nuevo modelo de pedir transporte privado en el mundo). Es sorprendente, pero real, que desde que los taxistas y sindicatos de Londres, Bogotá, Paris, Roma y otras ciudades han intentado prohibir el servicio, el mismo ha tenido el efecto contrario y su uso se ha incentivado. Por ejemplo, como referencia, la utilización de los taxis de Uber en Bogotá posterior a las protestas, ha crecido cerca del 50% promedio en utilización diaria.

Entonces…¿Por qué pasa esto ?

Porque por un lado, hay gente que tiene miedo. Su mente reacciona al miedo terrible que producen los cambios de paradigmas, oponiéndose radicalmente a ellos. Su mente los limita, los condiciona.

Afortunadamente no le pasa lo mismo a todo el mundo. El mundo quiere decidir qué puede usar y qué no. El mundo quiere gozar de la agilidad y facilidad que le otorga la tecnología. El mundo ha aceptado, antes que muchos de nosotros, el cambio de paradigma…

Finalmente, hoy en día, la tecnología funciona como un acelerador social. Antiguamente las revoluciones se gestaban en recintos académicos, usinas de ideas prohibidas y grupos organizados con planeamiento minucioso. En los últimos años, vimos acelerarse la caída de Gobiernos de Medio Oriente gracias a revoluciones articuladas en twitter . Y escuchamos la voz de los que no tienen voz, a través de valientes Blogueros en Cuba.

Y no sólo es la relación de poder sobre quién decide cuando cambiarán las cosas en un Gobierno, lo que ha cambiado, sino que la democratización de las decisiones ha llegado a las marcas que ya no pueden imponer su voz y están obligadas a escuchar y responder a sus consumidores . Un like o dislike …por así decirlo, termina siendo tan relevante como una decisión frente a la góndola. Hoy nadie está exento de tener que hacer las cosas bien.

Así y todo, con los miles de argumentos que podemos encontrar para validar las plataformas tecnológicas, es corriente ver algunos intentos en el mundo corporativo de prohibir el uso de las redes sociales y limitar el acceso a determinados sitios. Intentos fallidos por cierto, ya que nada pueden hacer realmente, porque las personas siguen accediendo desde sus celulares.

Para concluir:

¿Efectivamente podemos frenar con nuestras mentes el avance del mundo?

No, no podemos. Dijo el Quijote: “Es inútil luchar contra molinos de viento”.

Por lo tanto, el desafío de cada uno de nosotros y del mundo corporativo está hoy en aprender a fluir y tomar la tecnología como una ventaja competitiva que nos permite tener una cultura de innovación . Una cultura que aprovecha la conexión en redes, para trabajar colaborativamente, ser más creativa y ágil. Una cultura que toma ventaja de la inmediatez para lograr eficiencia y reorienta los malos hábitos tecnológicos a hábitos de intervención voluntaria en proyectos desafiantes, entretenidos y que agregan valor a la compañía.

Liberemos nuestra mente y dejémosla fluir con la realidad, para ser una compañía del futuro que lee hoy lo que está sucediendo (a nivel tecnológico y coyuntural), prevé escenarios y prepara a sus equipos como líderes del cambio .

Ezequiel Kieczkier – Socio Olivia Consultoría

ezequiel.kiecz@olivia-la.com

www.olivia-la.com