Rompiendo las máscaras: el poder de la empatía

Las organizaciones se ven atravesadas por una necesidad creciente de sus colaboradores para activar la mirada hacia el otro como mecanismo cultural. Cómo se puede aprovechar para armar equipos de liderazgo y colaboradores alineados al propósito organizacional.

La virtualidad llegó para quedarse y lo atraviesa -casi- todo. Ya sea en el ámbito personal como laboral, pocos son los espacios en los cuales el ámbito digital hoy no se haga presente. Sin embargo, antes de juzgar si es para bien o para mal, uno de los efectos que genera esta tendencia creciente es que refuerza la mirada hacia adentro de nosotros mismos. El universo virtual en el cual las organizaciones están ampliando  su presencia se presenta también como un escenario que transforma a todos quienes actúan en él en protagonistas de una realidad tan dinámica como cambiante.

Abrir un “zoom” inicialmente nos lleva a buscar al otro, preocupándonos tanto por la postura como su entorno. El resultado: empezamos a escuchar mucho más activamente a quien tenemos enfrente. No sólo desde habla misma, sino también en cuanto a las poses, los gestos, el silencio, la distracción y, no menos importante, la no respuesta. Por su parte, el tono de voz permea más en la sensibilidad del otro, dando lugar quizás a una empatía distinta, nueva, movilizada, en el mejor de los casos, o bloqueada, en el peor caso. La combinación de estos factores se transforma en un espejo de la emocionalidad que se acentúa en la virtualidad. La pantalla de cada reunión virtual deja expuesta en una imagen de pantalla donde el zoom+ abre los poros de la realidad. Es esta realidad, que invita a cada uno a conectarse con uno mismo para abrir el espacio a conectarse con el otro.

Si la empatía se logra extender a un equipo, en el que sus individuos comprenden y entienden el momento del otro, la emoción del otro, independientemente de su posición o su geografía, el espacio se potencia y las barreras -máscaras- entre las personas se disolverán.

 

De dónde venimos

En el mundo offline, la empatía empezaba con abrir la puerta de la oficina para dar acceso a otros; o caminar por los pasillos para conectar; juntarse en el “baño”, el vestuario, el pasillo, el ascensor; o salir a fumar. La subsecuente pregunta: ¿cómo estás?, resultaba en una respuesta tan automática como vacía de sentido. En el nuevo mundo de la virtualidad, el “¿cómo estás?” obliga hoy a conectar y empatizar de forma mucho más directa, ya que la respuesta no tiene tiempo.

Su efecto más tangible se ve hoy en una ventana de reunión virtual: donde se puede ser testigo de cómo empatizan unos con otros al compartir dicho momento. El espacio se expande: al abrir y cerrar las cámaras, al sonreir, al mirar a los ojos, al preguntar, al conectar con la sorpresa o interrupción inesperada, al entrar en el entorno del otro, o al escuchar en silencio.

Buscar en esos espacios un diálogo empático requiere de armonizar un modelo de colaboración, de feedback y de apoyo, más allá que de los resultados. Se trata de desarrollar patrones para dar sostenibilidad en un futuro incierto.

 

A dónde vamos

En este mundo tan poco tangible, el pertenecer aumentó su valor como una de las razones que motiva a un equipo. Sin embargo, no pertenecer por si mismo. Son los valores de la cultura de una organización que tomaron protagonismo en este año de cambio. Se trata de pertenecer donde valga la pena, formando una orquesta la cual pasará a ser el modelo de organización, y construirla requerirá de gran empatía.

Ése es también el nuevo escenario al que los lideres de equipo están llamados a saber actuar. Deben saber afrontar el dilema de tener que romper sus máscaras (y sacrificar su seguridad) para poder conectar con el otro. Deben, literalmente, abrir los oídos a esos tonos de voz que hablan más allá de las palabras que expresan el significado de su contenido y comunicación.

Al dejar de lado sus máscaras, los líderes se encuentran con ellos mismos y, en simultáneo, deben saber ser conscientes de la existencia del otro como un ser humano. En otras palabras, la exposición a la que obliga el encuentro virtual exige al líder a saber ver más allá de su título, de su posición en un organigrama. La intuición del líder se enfrenta con una empatía más latente, menos racional y más vivencial.

La oportunidad para todo líder radica justamente aquí: de-construirse para ganar en su capacidad cognitiva y afectiva. Porque, en este nuevo mundo, son estas capacidades que, más que nunca, se transforman en los pilares de sostenibilidad que generan una organización flexible, creativa e innovadora, que logra liberarse de la mirada introvertida. El resultado: una organización empática que logra no sólo potenciar sus propias fortalezas – colaboradores / capacidades, sino abrir el espacio para poder fijar la mirada empática en quien define su futuro también – el cliente.

 

María Litvachkes
Directora de negocios de OLIVIA